11/12/15


Si hay un personaje en el UQ que ha pasado por muchas fases es el bueno de Víctor Alias. Lleva dando vueltas por mi cabeza desde hace... no sé, ¿12 años? Recuerdo que cuando estaba en el ejército allá por el año 2003 pasaba algunas de las eternas noches de guardia escribiendo guiones sobre Víctor, desarrollando su personalidad e inventándome historias con él como protagonista. Sí, aunque ha sido el último en llegar, Alias es el más longevo de todos.

El primer germen de Víctor Alias lo encontramos en las novelas de Clive Cussler dedicadas a su personaje Dirk Pitt (si habéis visto Sahara sabréis de quién os hablo). El protagonista de esa serie es un buceador que se mete en ciertos follones al más puro estilo Indiana Jones, siempre lleno de sarcasmo y alguna frase ingeniosa. Ese es el tipo de personaje que me gusta. Pero no fue eso lo que me animó a crear a Víctor Alias.

Dirk Pitt es un alter ego de Clive Cussler. El personaje es igual, físicamente, que su autor; les gustan las mismas cosas. Son, en definitiva, la misma persona, guardando las diferencias evidentes. Yo quería hacer algo así. Y así nació Víctor Alias. Psicológicamente, Alias soy yo. A ambos nos encantan las series, los bollos, el rock and roll clásico y somos fans incondicionales de Bon Jovi. Los dos somos muy irónicos y sarcásticos y nos gusta bromear en momentos de tensión. Es más, incluso la cazadora que Alias lleva en la portada de El templo de Salomón, está inspirada en una cazadora real que me gusta mucho, pero que Robin se cargó un día jugando.

Una vez creada la personalidad de Alias (que no fue muy difícil, como podéis adivinar) había que ponerlo a vivir aventuras. Aquí fue cuando me volví loco y la razón de que tardara tanto en escribir su novela. La primera encarnación que tuvo fue la de un escritor, exmilitar, que por azares del destino acababa buscando la mítica ciudad de la Atlántida. Esta novela tenía hasta nombre, Cartas desde el mundo perdido. No me convencía.

Entones lo convertí en un aventurero tipo Indiana Jones, que viajaba de ciudad en ciudad en busca de aventuras. Esta encarnación me parecía demasiado típica, así que lo adorné con unas cicatrices en los brazos que nunca curaban y que ocultaba permanentemente tras unas vendas. Tampoco me gustó.

Víctor Alias comiéndose uno de los bollos de Gregory.
Y entonces llegó la serie Sobrenatural y uno de sus personajes principales, Dean Winchester (interpretado por Jensen Ackles). Cuando vi el primer capítulo recuerdo que pensé: "¡Coño! ¡Es Víctor Alias!". La personalidad de Dean cuadraba perfectamente con mi personaje, eran prácticamente el mismo. Sobrenatural me dio la idea de convertir a Víctor en un cazador de entes sobrenaturales, pero ya había muchas series y libros y películas así. Pero... ¿y si mezclaba la aventura tipo Indiana Jones con los monstruos? ¿Y si hacía de Alias un cazador que viajaba por el mundo en busca de objetos místicos? ¿Qué descubría catacumbas enterradas y templos bajo tierra mientras un vampiro o un hombre lobo intentaba matarlo? Podría molar. Sería interesante y original.

Y así nació Cazadores del inframundo: El templo de Salomón. Después de esa novela decidí meterlo en el Universo Quinox porque un día imaginé una conversación entre Quinox y Alias. Dos personajes tan diferentes tenían que compartir novela en algún momento.

Y el resto, como suele decirse, es historia.

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